domingo, 30 de noviembre de 2008

De costa a costa

Últimamente he comprendido que los contrastes que este país nuestro nos regala son tan profundos como evidentes. La topografía, las costumbres, los idiomas. Hasta la forma de caminar y de verte a los ojos varía según la latitud en la que uno esté. Y para sacar todas esas conclusiones, que son pocas, no hace falta mezclarse en la profundidad de cada pueblo o etnia que elaboran una nación multitodo. Basta rascar un poco la superficie para observar esas características.

La semana que recién pasó tuve la oportunidad de visitar las dos costas de Guatemala. Primero fue el pacífico. Y bueno, qué decir del pacifico. Sitio de fiestas, desmadres e intentos por borrar la realidad con sal, arena y amaneceres de fotografía. Esa visita se dividió en dos partes. La primera de “trabajo” (lo pongo entre comillas porque el trabajo se sufre y se hace porque hay que hacerlo, yo me la gocé). Por primera vez en mi vida tuve la oportunidad de navegar mar adentro, 55 km para ser exactos, como parte de un torneo de pesca deportiva patrocinado por el INGUAT y la asociación de pesca de Guatemala. 55 km de agua que me separaban de tierra firme, acompañado por un grupo de 5 estadounidenses, varias cañas de pescar y el deseo de ver en vivo especies marinas que generalmente solemos ver en la tele o cocinándose en una gran olla. Curiosamente no me afectó tanto el mareo, al menos comparado con otros compañeros de profesión que también estuvieron en el viaje (uno de ellos aseguró haber vomitado por lo menos 25 veces, yo lo hice sólo 2 :D). Tristemente no vimos ningún pez o especie marina, pero la experiencia fue interesante.

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La segunda parte también fue una primera vez. Luego de la fiesta de cumpleaños de una chava a quien acabo de conocer, salió esa frase tan característica de los chupes chapines: “sale puerto!!!”. Creo que cualquiera de nosotros ha escuchado esa frase luego de un despelote alcoholizado. Y bueno, después de ser uno de los que insistió en hacerlo, mi viaje transcurrió entre sueño y sonidos lejanos. El viaje de ida, con el pato como hábil co
nductor, me dejó un único recuerdo. Entre mi sueño escuché que nuestra otra compañera, Irene, me preguntó “tienes para el peaje”. Recuerdo haber hecho un intento por sacar dinero de mi bolsa, pero el sueño y el alcohol en mi sangre no me lo permitieron. Ya luego en la playa, como a las 4 de la mañana, la cumpleañera y otros dos compañeros nos adueñamos de ese mar que es tan chapín como las tortillas. En esta ocasión y a pesar de las ondas frías, el agua estaba cálida, gentil y relajante. En definitiva una experiencia agradable, sobretodo por la compañía.

Luego el miércoles recién pasado me tocó cubrir el día de los garífunas, que se realiza el 26 de noviembre de cada año. Lo curioso de esta celebración, y el choque cultural que provoca, es ver personas negras hablando como hablamos nosotros. Nuestras expresiones, nuestros modismos. Y digo esto porque por la televisión y el cine, uno medio se acostumbra a ver a personas de color hablar en inglés, medir mil metros de altura y ser excepcionalmente buenos para el basket. Igual y luego te dejan con la cara de signo de interrogación cuando se expresan en su idioma natal, el garífuna. Una cultura de la cual no hemos aprovechado mucho en este país. Por ahí cada quien se enfrasca en su propio universo olvidándose que existen mil galaxias más, y que el intercambio es beneficioso para ambas partes. Y eso que Livingston es un tributo a la colisión de pueblos. Por un lado de la isla la punta, los garífunas, el rice and beans, sus grandes ojos, su mirada perdida y su andar cadencioso. Por el otro los q’ueqchi’s con la mirada tímida, sus maneras discretas y su amabilidad cotidiana. No son tan fiesteros como los garífunas, pero de igual forma te hacen sentir bienvenido.

Y al final de mi viaje, logramos conocer a un par de chicas estadounidenses/beliceñas, quienes muy amablemente nos colaboraron para sacar un trabajo que teníamos que realizar. Una gama de culturas, idiomas y sabores confluyeron en esta semana. Desde el castellano, pasando por el creole, el garífuna, el q’ueqchi`y el chapin. Muy buena semana la que disfruté. Si tienen mi facebook ahí colgué algunas fotos de Livingston y en vivaGuate.com hay unas de la pesca deportiva. Saluditos a todos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mírenme, mírenme!!!!!


¿Por qué trabajos que entorpecen el fluido continúo del tránsito vehicular no puede realizarse de noche, cuando son pocos los carros que circulan en las calles de la ciudad? ¿Por qué la necesidad de las autoridades de realizar únicamente trabajos que puedan verse cuando lo importante no es que se vea sino que funcione? ¿Por qué los guatemaltecos seguimos juzgando al monje por su hábito y no por sus habilidades? ¿Por qué las autoridades no piensan en el bien común sobre el personal? ¿Acaso es necesario que todos veamos las cuadrillas de reparación de carreteras para saber que la municipalidad está haciendo su trabajo? ¿Es necesario ver a un empleado municipal cada minuto?

En ciertos casos creo que, contrario a esa campaña municipal, sería bueno no ver a los empleados cada minuto de cada hora de cada dia. Creo que su trabajo avanzaría más rápido, y sería menos molesto para el resto de habitantes de la ciudad.

martes, 18 de noviembre de 2008

Cu CUM ber

El edgarín puso esto en su blog, y bueno, me pareció tan bueno que se lo presto y lo comparto por acá. Igual visiten su blog de ahuevo

lunes, 17 de noviembre de 2008

Dios toca el blues


Otro buen disco que vale la pena escuchar. En sus días de roquero de los años setenta, salido de Cream, fánaticos y aficionados a Eric Clapton escribían en las paredes "Clapton is God". No entiendo por qué nunca he escuchado mucho de él. Recientemente descubrí a la banda Cream, donde participó. Esuché su colaboración con B.B. King en Riding with the King. Por ahí he esuchado varias veces el unplugged que grabó a principios de los 90's y, como casi la mayoría, conozco su Cocaine.

Y a pesar de no saber mucho de él y su música, de una forma más directa, confieso que hace un par de años estuve aprendiendo a tocar una canción que se llama "Tears in Heaven" para interpretarla estilo serenata a una niña que me gustaba mucho. En fin, como sigo en el beat del blues, un disco que vio la luz en 1994, From The Craddle. Me gustó bastante, recurre mucho a los riffs clásicos del blues, al sonido melódico de la armónica y, aunque Clapton nunca vivió lo que los bluseros negros de Alabama, Georgia y Chicago vivieron, las letras no dejan de tener eso que te dice "estoy comiendo mierda, y por eso toco, escucho y vivo el blues"

Eric Clapton - From The Craddle

viernes, 14 de noviembre de 2008

Black Ice

Hace aproximadamente un mes salió Black Ice, la última placa (diría el vigilante) de los australianos de AC/DC. A mi siempre me gustó esta banda, y aunque no me conozco todos sus discos, si he de reconocer que mi colección de ellos ya es numerosa. Yo recíen hoy me enteré de Black Ice en la prensa y corrí rápido a "adquirir" mi copia en uno de esos amables sitios de internet que mueven música y demás.

En realidad yo nunca he notado un cambio radical en el estilo de esta banda y este disco no es excepción. Si quieren "comprar" el disco en el mismo lugar que yo, sin ningún problema les dejo la dirección. Lo recomiendo si les gusta el grupo y si saben que con ellos van a canciones y estilo calcado de track en track, pero al final es bueno y pegajoso.

AC/DC - Black Ice (2008)

Les dejo también una de las canciones que más me gustan de ellos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Elote loco


Domingo seis de la tarde. El hambre aprieta las tripas. Cocinar no es una opción muy placentera. Comer comida rápida tampoco. La idea es hacer algo diferente, sencillo, barato y rico. Para mí, la mejor opción es ir a la esquina de la 8ª. Calle y 6ª. Avenida del parque central. Ahí se ponen unas señoras que venden toda clase de elotes. Elote cocido, asado con sal y limón y, mi preferido, elote loco.

Para quienes no saben qué es un elote loco, simplemente es una mazorca de elote cocida al vapor. Es untada con mayonesa, salsa kétchup y mostaza y espolvoreada con queso duro. A mí, automáticamente me lleva a mis años de infancia. Pasar una eternidad comiendo el elote, con la cara llena de mayonesa y queso. Por supuesto que la servilleta que dan las señoras no alcanza para limpiar el desastre que uno hace al comerse uno de estos elotes.

No cabe duda, para mi es una buena opción, y si se puede acompañar con una tostada de guacamol y un arroz con leche, mmmmm

lunes, 10 de noviembre de 2008

Jorge el curioso


Luego de una conversación que tuve con la menor de las Garcia, salió a colación que mi signo zodiacal chino es el mono. Toda la noche era el mono aquí, el mono allá. "Eso es típico del signo del mono" me decía la insistente Anita.

Al final de la noche, desistí en mis intentos de defenderme y caí en sus argumentos. NO había mucho que hacer jeje.

Viendo el discovery con mi chavito me topé con una caricatura que se llama Jorge el curioso, y adivinen qué, es un pinche mono. Esto va para vos Anita

jueves, 6 de noviembre de 2008

Tecno hip-hop

La influencia a medias de mi viejo, junto con la rebeldía e irreverencia innata que siempre ha caracterizado mi personalidad fueron factores elementales y naturales para que mis gustos musicales jalaran más por el rock, los cuatro tiempos y el ruido estridente que siempre es etiquetado como bulla por parte del resto.

Y a pesar que esa es la tendencia que domina mis gustos, siempre es bueno diversificar y explorar nuevos ritmos, grupos y tendencias. Y es que desde los tiempos del break dance, thriller y los sonidos electrónicos de Depeche Mode, Pink Floyd y un largo etcétera, los sintetizadores y sus ritmos siempre me atrayeron sutilmente. Aunque realmente me quedé enganchado luego de ver aquella película House of Party. El baile, la batalla entre Kid y Play. Definitivamente la vibra y el feelin' del rap era algo que me atraia.

Y sin pensarlo mucho mi atención se giró a la música hip hop. Primero fue lo comercial. Vanilla Ice. Hasta vi su película. La idea era aprender a bailar de esa forma. Seguro que así iba a levantar muchas miradas. No hubo más por ese lado. Luego surgieron un montón de grupitos. Technotronics, aunque no es rap, Kriss Kross, Sir Mixalot. Todos con sus versiones Hip-Hop. Todos con la idea de ser una alternativa rebelde contra un sistema que no los tomaba en cuenta. Aunque luego se volvió el asunto de buscar culos más grandes. Imponer modas de ropa al revés. Videos más alocados y originales.

Finalmente descubrí que el verdadero hip-hop es el de negros. Más duro. Más honesto. Más hijo de puta. Public Enemy. Onyxx. Snoop Dog. Fueron mis primeros contactos. Todo el gangsta rap que surgió a mediados de los 90's. Al igual que el rock, para mí, este rap tenía esa cualidad. Rap pesado, con huevos y vale madres. Caiga quien caiga.

Luego surigieron las vertientes populares del rap. Vino el R&B, el hip-hop de los beastie boys, de N'Sync y de un montón de grupos pop. De ahí surgió la idea del reguetón y otro largo etcétera. No me enfoco en eso. Igual siempre queda en el recuerdo esos inicios a principios de los 90's. Siempre viene a la memoria lo que uno hacía en esos entonces.










martes, 4 de noviembre de 2008

Feelin' the blues

Desde mi último post de Chuck Berry no había posteado nada. Principalmente porque me habían sacado la madre por no interiorizar más en mis gustos y en las razones por esos gustos. Pues bien, qué decir del Blues? De todos los géneros musicales que he conocido, ninguno me inspira la necesidad de sentirme melancólico, triste y desdichado, tanto como para escribir, compartir y magnificar mis frustraciones a niveles súblimes (esos niveles donde las emociones de lástima y humillación no llegan a ser siquiera conceptos).

El blues te lleva a ser alegre en la tristeza. A ver lo bueno en lo malo. ¿Cómo podés explicar y contarle al mundo que la mujer que más amaste te dejó por otro, te tiró de la casa y te sacó hasta el último centavo que tenías? La mejor forma es con una armónica, un par de riffs y unos lentes oscuros.

En esta etapa en la que he estado metido desde hace más de 10 años, pero no ha sido hasta ahora que he conocido realmente a los exponentes de este género, he descubierto una similitud entre quienes se movieron en este género y que, al final, fueron los precursores de muchos géneros musicales posteriores.

Muddy Waters con su blues sobrio, triste y solitario. B.B King con un aire de realeza, un estilo más alegre y positivo. Chuck Berry que cuenta sus historias de desamor, desilusión y desengaño como si contara el capítulo de la última comedia que leyó. Tres exponentes del blues que puedo recomendar firmemente.

Y pues como cada quien debe de sacar su opinión acá les dejo un par de enlaces.

Muddy Waters - Hard Again
B.B. King & Friends
Chuck Berry The Definitive Collection

Ahí me cuentan qué les parece...

lunes, 3 de noviembre de 2008

Dios con una pelota

Seguir el fútbol en este país no se hace por decisión propia, se hace por inercia. Al menos en los primeros años de vida, porque ya luego cada quien decide para qué lado jalar. Algunos jugaron la final de juventud en alguna oportunidad y el fútbol se convirtió en su vida. Otros eran pateados, humillados y excluidos así que el fut es la peor mierda deportiva que pueda existir en la faz de la tierra. Otros ni se afligen y siguen a lo suyo. El planeta fútbol es parte de un universo desconocido y poco atractivo.

Sin embargo la inercia infantil inicial la transformé en una pasión medida y controlada, pero pasión al final de cuentas. Durante mi primer mundial que recuerdo lúcidamente, el de México ’86, mis conocimientos en la materia se reducían a comprender, vagamente, las reglas del juego, salir al portal del comercio a buscar estampitas para el álbum conmemorativo del evento e intercambiar cromos con los amigos del colegio. Ni siquiera en las tradicionales chamuscas* salían a relucir los nombres más destacados de los jugadores que participaban en las canchas de los estadios mexicanos de mediados de los ochentas.

Recuerdo vagamente que presencié un partido de grupo entre Paraguay y Uruguay (los dos nombres me daban mucha risa). Mi hermana mayor iba por los guaraníes y yo por los charrúas. O al revés, no recuerdo exactamente. Lejos de sentir los colores de una camiseta, eran los primeros pasos y las primeras probadas de lo que significa apoyar a un equipo en un mundial. Cada jugada, cada falta, cada acercamiento, el partido lo vivimos con una intensidad insospechada (al final del partido mi mamá llegó a regañarnos, apagar la tele y amenazarnos que si no nos comportábamos no veríamos el resto del mundial). Creo realmente que esa pasión era mas por la tradicional lucha entre hermanos que por el resultado final del partido.


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Sin embargo con el transcurso de los partidos, mi interés y mi atención se fueron enfocando en otro equipo sudamericano. El nombre de Diego se fue haciendo más común en los corredores del colegio y todos querían ser el 10 en las justas deportivas en cada recreo. Pronto se convirtió en la estampita más codiciada. Como a todo el mundo, los goles frente a Inglaterra me dejaron fascinado y desde entonces mi equipo favorito fue la Argentina. Disfruté terriblemente la consecución de ese campeonato. Desarrollé un gran rechazo hacia los alemanes, futbolísticamente hablando, y mi primer ídolo deportivo se llamó Diego Armando Maradona.

El siguiente mundial fue otra cosa. A los diez años ya muy pocas cosas son por inercia y los gustos y aficiones son más por decisión y convicción propia que por imposición paternal. Los audífonos eran el contrabando a los salones de clases.

Durante ese mundial ya no era sólo Maradona sino Goicochea quien era el preferido para encarnar en las chamuscas. El para penales. Finalmente llegó la final, la revancha contra Alemania. La decisión penosa del arbitro mexicano Edgardo Codesal (ya parezco el Allan recordando detalles insignificantes pero valiosos) dio el campeonato a Alemania. Controversial. Al igual que el Diego, las lágrimas corrieron por mi rostro. Mi pasión por el fútbol llegó a su máxima expresión. La derrota era parte de ella. Desde ese entonces vi Copas Americas, Mundiales, finales de Champions y nunca otro jugador de fútbol supo llenar el lugar de ídolo en mi universo futbolístico.

Con los años mi pasión fue disminuyendo al punto de convertirse, como mencioné antes, en algo controlado. Si mi equipo gana, me alegro, lo celebro. Incluso llego a restregar en la cara de aquellos que apoyan a otros equipos. Todo con respeto, pero siempre con un aire burlesco. Eso te da el fútbol. Pero también comprendí que si mi equipo perdía, también alguien más podría restregármelo en la cara. Al final de cuentas si el equipo de mi predilección gana o pierde, eso no afecta en nada mi vida, por lo que la pasión desmedida, el fanatismo radical y el odio ultra hacía otros colores no forma parte de mi vocabulario futbolístico.

Ahora que Maradona vuelve a ser parte de la constelación de estrellas en el universo del fútbol, todas esas sensaciones infantiles y prepubertas me volvieron a la mente. “Diego no es una persona normal” dice una canción. Falta esperar que el mito futbolístico pueda sacarse más genialidades de su chistera izquierda y que mi equipo favorito vuelva a consagrarse campeón mundial otra vez.

domingo, 2 de noviembre de 2008