miércoles, 29 de octubre de 2008

Retroclásicas

Corría el año 1992. A mis doce años mi vida transcurria entre los capítulos de Voltron, los transformers y lo que mis maestros de primero básico fingían enseñarme (siempre tuve una especie de cualidad rebelde contra la autoridad). La pubertad hacia su aparición.

Musicalmente no sabía mayor cosa, más que la música que mi viejo ponía, que no era cualquier cosa (Led Zeppelin, Jimi Hendrix y todos esos roqueros sesenteros y setententeros que alimentaron el alma hippie de mi viejo, aunque realmente nunca lo fue). A pesar de esa gran variedad yo jalaba más por el grupo Rana bailando su socaribe, y dandole una pastilla de menta a la secretaria para ver si caía y asi saciar su calentura. Incluso había pasado por una etapa texmex que ahora que recuerdo me da como escalofríos.

De pronto apareció un mi primo con un acetato de un grupo que se llamaba "Pistolas y rosas". Qué extraño dije, pero bueno, hay que escucharlo. Pirata desde el inicio, lo primero que hice fue pedir un cassette y grabarlo completo. Me molestaba mucho cuando una canción estaba por terminar y de repente los botones de play y record saltaban porque se había terminado la cinta del lado A. A grabar completa otra vez la canción en el lado B.

A partir de ahi, timidamente comencé mi travesía por el mundo del rock. Después de Guns, conocí a Metallica, luego a Pantera, Cannibal Corps. Mi cuarto antes tapizado con diplomas de alumno destacado, condecoraciones de primeros lugares en actividades deportivas, súbitamente se vio invadido por posters de Iron Maiden, mujeres y carros (que bueno que lo de los carros no se me quedó).

Pero fueron las "pistolas y rosas" quienes me dieron la bienvenida formal. Cada vez que sonaba November Rain en la radio, saltaba sobre el sofa con una escoba en la mano, y en el momento del solo, pretendía ser Slash. Siempre ponía un toque personal a cada interpretación. Ya sea que me tiraba del sillón, tiraba la escoba. la somataba, o simplemente terminaba el solo con la cabeza baja.

Ahora que viene noviembre lo recuerdo

sábado, 25 de octubre de 2008

Historias de una camioneta (parte 2)

De pronto el tatuaje, los lentes oscuros, el pelo largo encendieron algunas alarmas. Sin embargo ella misma apagó el pequeño incendio. “Te dolió?” preguntó, señalandome el tatuaje con la mirada “No mucho”, respodí. “Yo quiero tener uno, pero tengo 19 años y todavía me mandan” me dijo. Una pequeña advertencia. Estaba tanteando el terreno. “Y tú? Cuantos años tenés?” “Tengo también 19” contesté. Una risa incredúla se dibujó en sus labios. “No te creo, yo más bien digo que has de tener como 23”. Me alimentó el ego y mi seguridad se fortaleció. Al mismo tiempo que me hablaba, me tocaba constantemente el brazo y cuando reía se recostaba en mi hombro.

Sin más preámbulo, me animé “Entonces qué? Me aceptás la invitación a comer?” “No sé, me pueden regañar en mi casa. Mi tía me está esperando”. “Bueno, comemos y luego te acompaño al parque, lo prometo”. Era el momento. A una cuadra de la octava calle el asunto estaba entre continuar la historia y ver hasta dónde llegaba o pararme, bajar y dejar que la imaginación hiciera el resto. Me miró como buscando algo para terminar de animarse. “Te prometo que te hago lo que querrás” mencioné. Claro en ese momento hablabamos de comida, pero creo que ninguno de los dos se refería a la comida precisamente.

Y en efecto, mi última frase la convenció. Nos bajamos del bus y empezamos a caminar. El camino desde la 3ª. hasta la 7ª. Avenida fue bastante interesante y un poco curioso a la vez. En realidad no recuerdo lo que me decía, sólo pensaba en qué iba a hacer. Cómo lo iba a hacer. De pronto empecé a sentir una tensión en la parte baja de la espalda. Saqué un cigarro para tratar de tranquilizarme y ella al verlo preguntó si eran cero grados, a lo que respondi negativamente. De igual forma me pidió uno. Al encederlo, noté que me temblaban las manos. La risa interna me invadió. Me sentía como un quinceañero que está a punto de ver su primer par de tetas en vivo. Al llegar al elevador, uno de los trabajadores del edificio me saludó. Yo lo saludé de regreso. Es curioso, pero en su mirada habia como una especie de complicidad. Tampoco era la primera vez que me veian entrar con una chava. Pero esta vez era diferente. Esta era una chava a la que acababa de conocer hacía tan sólo 20 minutos, y ya la tenía al umbral de mi puerta.

Como todos los nuevos visitantes, al llegar a mi piso, quedó maravillada con la vista que tengo. Al igual que mucha gente nueva, preguntó acerca de los temblores. Ya nada me importaba, la tensión seguía presente en mi espalda por lo que tenía que hacer algo. Lo curioso es que mi refrigerador está desconcetado. En mi apartamento lo único que tengo de comida es un sobre de consomé de pollo, un poco de té de ginseng (bénditos chinos) y arroz precocido. Mientras hacía la pantomima de que iba hacía la cocina, ella, que estaba parada bajo el marco de la puerta de mi habitacion me vio y me preguntó “Con quién vivís aquí?”, “solo” respondí. Eso fue lo último que se dijo. A partir de ahí nos dirijimos a mi cama e hicimos lo que teníamos que hacer. Finalmente ese par de tetas que 10 minutos atrás me pedían que las viera fijamente a los ojos me dieron la bienvenida a un festín del cual antes no había comido.

Los detalles de esa parte de la historia me los reservo, o más bien lo guardo para el orgasmo de coche. Al finalizar nuestro asunto, tal y como prometí, la acompañé al parque morazán. En señal de agradecimiento le compré una bolsa de piña con pepita y chile, mientras, yo me comi una de melón. Me dio su número de teléfono y me dijo “ahí me llamás” a lo que respondí “seguro, tal vez la próxima semana”. En realidad no lo haré. Arruinaría el momento. Mejor que quede así. De esta forma pasará a la historia como la primera vez con una desconocida. De esa forma no la olvidaré.

Volví a mi apartamento casi a las 5 de la tarde. Como no lo pasaba hace ya un buen tiempo, el lugar olía a sexo. Me deshice de los envoltorios de los condones que utilizamos, rehice mi cama, bebi un poco de agua, me preparé una sopa instántanea de cinco pesos, me fumé un cigarro y me recosté en mi cama con la satisfacción de haber hecho algo que nunca antes había hecho y que, probablemente, creo nunca más volveré a hacer...

viernes, 24 de octubre de 2008

Historias de una camioneta (parte 1)


Eran alrededor de las 2.30 de la tarde. El día en esa parte de la ciudad estaba nublado, un tanto fresco, dirian los viejitos. En mi cabeza los planes de acción para poder salir, o al menos alivianar, la crisis económica en la que me encuentro sumergido, rondaban y se entrelazaban unos con otros, “hay que mostrar seguridad”; “es necesario adoptar X o Y actitud”, “las cosas se mejorarán con el tiempo y el esfuerzo”.

Despuès de 15 minutos de estar parado esperando el bus, mis pies, junto con mi paciencia empezaron a agotarse. De pronto de la nada apareció la camioneta 2 que me llevaria al centro de la ciudad, en donde abordaría otra camioneta para llegar a mi destino final, y asi poder enviar unos pendientes que tenia. Me subí y al caminar entre las filas de los asientos noté que los únicos lugares disponibles estaban hasta atrás, a la par de la puerta de salida. Me senté y en la siguiente parada se bajaron unas personas dejando un asiento completamente vacío. Generalmente no soy de los que se cambian constantemente de lugar, pero en esta ocasión decidí hacerlo. Realmente me llamó la ventana. De cierta forma siento que estoy viendo una película. Viendo los cuadros que componen la vida cotidiana de este nuestro desordenado, caótico, violento, inverosimil y anecdótico pueblón. Cada escena es una postal urbana.

Frente al campo de marte, por ejemplo, hay unas instalaciones del ejército. No estoy seguro realmente qué hacen en ese lugar, pero cuando la camioneta pasó por ahí noté una manta que rezaba “Industria Militar. Bazar”. Por un lado habia unos 15 aprendices de soldado sentados en la acera luciendo sus nuevos uniformes verde olivo (el Estado Mayor de la Defensa acaba de estrenar nueva indumentaria para los efectivos del ejército. Hora de otra ampliación presupuestaria jejeje). Por el otro un pequeño toldo con prendas alusivas al ejército. Botas, playeras, chaquetas, pantalones. No cabe duda que la crisis mundial nos afecta a todos por igual.

En fin, de ahí hasta la entrada de la 11 avenida de la zona 1 el viaje fue más o menos normal. Al menos iba cómodo porque tenía un asiento sólo para mi. De pronto, al cruzar la 16 calle, empecé a ver cómo un montón de gente comenzó a subirse, algo inusual en ese tramo, ya que por lo general es aquí donde el bus se empieza a vaciar. “Adiós comodidad pensé” De pronto veo entrar una ajustada blusa de rayas horizontales color fucsia. Lo primero que mi mirada captó fue el tamaño del pecho de la chica que portaba dicha blusa. Esperaba que pasara a la par mía para poder voltear la mirada y verla más detenidamente ya que, como sucede usualmente, a todas las chavas que se suben a un bus donde yo voy, nunca se sientan a la par mía. Será miedo, será el tatuaje, serán los lentes oscuros o será el semblante de loco que tengo, no lo sé. Pero en esta ocasión no fue así. Se sentó a la par mía. Además de su sugestiva prenda de vestir, llevaba en la mano izquierda una bolsa plástica grande, similar a esas bolsas que te dan en esas tiendas multidepartamentos. En la otra traía su bolso, el cual dejó caer sobre mi pierna, o casi. Inmediatamente sentí su mirada sobre mí. Durante dos cuadras los pensamientos anti crisis económica y la afición por crear postales urbanas desaparecieron por completo. También mis planes previamente trazados. Lo único que corría en mi cabeza era “hay que hablarle” “debo mirar tetas, con sutileza, pero igual debo verlas”.

Seguía sintiendo su mirada sobre mí y veía en ella la misma inquietud por hacer el primer movimiento. Y lo hizo. Sacó su teléfono y empezó a hacer unas llamadas. Marcaba e inmediatamente cerraba el teléfono. “Esta es mi oportunidad” me dije a mi mismo. Quienes no estamos acostumbrados a acercarnos a desconocidas, las líneas para entablar una conversacion de la nada con alguien inédito, suelen ser tontas y obvias. “Qué? No te contestan?” todo un físico cuántico él con sus inteligentísimas preguntas. A pesar de lo obvio y estúpido de esas líneas, creo que las mujeres agradecen el gesto de atreverse. Inmediatamente con una sonrisa me miró a los ojos y me respondió “No”. Lógico. Si no está hablando por teléfono es porque nadie le contestó.

Pero bueno, el primer paso estaba dado. Lo importante en estos casos no es llegar, sino saber mantenerse. Venía lo más complicado. Conseguir información personal. Nombre, destino, tamaño de brasier (ah no eso no). Con una voz entrecortada por la ansiedad esbocé “vivís en el centro?” “ Si, vivo por el parque morazán, y tú?” Ajá, vive por mis terrenos. La ansiedad, la inseguridad y la tartamudez empezaron a dar paso a una seguridad conocida. El sartén empezaba a darme el mango. “Si, yo vivo tambien por el parque” repliqué. “Morazán?” “No, central”. Fue en ese momento que algo me poseyó. Pudo ser su sonrisa coqueta. Pudo ser su mirada. Probablemente hayan sido ese par de tetas que me pedían a gritos verlas de frente y a los ojos. Me dije a mi mismo “qué pisados, si te dice que no, igual no la volvés a ver nunca”.

“Y qué andás haciendo? Trabajando?” me preguntó, al tiempo que intentaba indagar tras mis lentes oscuros hacia dónde apuntaba mi mirada. “No, hoy es viernes y el trabajo es para los pobres” contesté; “la verdad es que voy a mi apartamento a cocinar algo porque no he almorzado y tengo hambre”. Me sentía en total control de la situación. Sé por experiencia que para una mujer, un hombre que cocina es como un eclipse total de sol. Les han contado de ellos, pero nunca lo han visto. “Si querés te invito a comer”. Su mirada me dijo que todo estaba hecho. La sonrisa pasó de coqueta a sensual. Esas sonrisas son clásicas. Medio de lado, casi guiñendo el ojo y mostrando un poco la dentadura. Esa es la sonrisa que te dice “vamos a ver que tan bueno sos”. Pero no todo estaba hecho aún. De pronto ella recordó que vive en Guatemala y que los extraños son sinónimo de aparecer en la portada al día siguiente en Nuestro Diario.

miércoles, 22 de octubre de 2008

:’(

En el año 2002 aproximadamente, comencé a conocer a mucha gente europea, quienes vinieron a nuestro país de visita. Algunos se quedaron a vivir. Otros, después de su tiempo de vacaciones, volvieron a sus países de origen. Otros, se fueron, pero han mantenido un contacto cercano con Guatemala. Como todo turista extranjero, todos y cada uno de ellos quedó fascinado por muchos aspectos muy característicos de nuestro país. La amabilidad de su gente. El colorido y la variedad de las tradiciones. La maravillosa y cambiante naturaleza. Su comida y un gran largo etcétera. Todo esto a pesar de las condiciones de violencia, marginación y pobreza en la que está sumida la mayoría de guatemaltecos.

Sin embargo uno de éstos amigos con los que he mantenido contacto me hacía una observación en un detalle pequeño, pero a la vez muy importante. Él me decía que a diferencia de su primera visita en el 2002, ahora se había dado cuenta que la gente ya no sonríe más. Yo no había reparado en ese detalle, probablemente porque no soy del tipo que se sonríe con todo el mundo por la calle. Pero igual al tener en cuenta ese dato, me di cuenta que es cierto.

Los guatemaltecos han perdido su sonrisa.
Tristemente la situación en la que está el país ha obligado a la gente a desconfiar de cualquiera que se les atraviese. Un gesto amable ahora puede ser sinónimo del primer acercamiento a una extorsión, un secuestro o algo peor. Todo el mundo se esconde tras sus vidrios polarizados, su furia e ira hacía cualquier cosa que no sea de su agrado y tras el desinterés por cualquier cosa que se cruce por su camino.

Bueno, yo como un optimista compulsivo soy de la idea que esos pequeños detalles son los que nos marcan como individuos y como sociedad. Como mencioné anteriormente no soy precisamente un durazno en miel, pero al mismo tiempo siempre intento afrontar las crisis con la mejor cara posible. No sería lógico que nos dejemos deprimir como sociedad porque, primero, eso sería aceptar que hemos fracasado, y, segundo, no veo a Guatemala como un país con psicólogos capacitados y preparados para atender tantos casos de depresión crónica y agorafobia que podría sufrir la población (la landívar gradúa más de 100 psicólogas anualmente y honestamente no creo que sean lo mejor).

En fin no se trata de caer en esos estados de ánimo tipo los libros “Cómo alcanzar la felicidad” o “La crisis detrás. Sonrisas eternas”. Igual es triste que un rasgo muy característico y bonito, uno de los pocos ahora, de nuestra gente lo estemos entregando e intercambiando al miedo y la desesperanza…

lunes, 20 de octubre de 2008

Feliz día de la Revolución

Hace 64 años Guatemala vivió, a mí criterio, uno de los momentos más genuinos, legítimos y puros de su historia. La revolución del 20 de octubre de 1944 trajo consigo una serie de cambios a un país y un Estado en decaimiento y desuso. Durante el período revolucionario, de 10 años exactamente, nuestro país se libró del sistema feudal económico, alargado por empresas gringas de esos días. Los guatemaltecos conocieron el concepto de seguridad social, y se iniciaron las construcciones de sistemas de interconexión urbana de transportes, se crearon las escuelas federadas, la infraestructura del país empezó a adecuarse a tiempos de cambios que auguraban un bonito futuro para éste país. Pero creo que lo más importante que lograron esos gobiernos, fue el de crear y asentar una atmósfera de unión en la que los diferentes pueblos que conforman nuestro país se sentían con la esperanza de que los años de represión, discriminación y racismo sufridos serian cosa del pasado.

Pero, y éste es un pero que nos ha marcado desde entonces, vinieron los putos gringos y, escondidos en sus miedos y temores, acusaron al gobierno de Jacobo Arbenz como comunista, respaldado por terratenientes enojados porque sus privilegios estaban siendo revocados, a favor de las grandes mayorías. Y como son las cosas. Uno de los mejores presidentes que ha tenido este país, salió desnudo, humillado y abucheado, mientras que uno de los peores recientemente fue recibido con aplausos, muestras de apoyo y silbidos.

Obviamente yo no viví ni de cerca todos esos eventos. Pero después de haber leído, escuchado y visto la historia de Guatemala desde ese entonces hasta la fecha, me he dado cuenta que el país y su gente carecen de dirección.

Lejos de decir y hablar de lo obvio y de todo lo que todos sabemos, pensaba que deberíamos cambiar de fiesta nacional. Realmente el 15 de septiembre se conmemora la firma de la “independencia”. Sin embargo esa fecha solamente significó la nacionalización de las propiedades, ya que el sistema económico, social, educativo y cultural del país se mantuvo exactamente similar al que España impuso. Además los mal llamados próceres de la independencia, hicieron arreglos con terratenientes y finqueros mexicanos para anexarse a ese país. La verdadera independencia sucedió casi dos años después, el 21 de agosto de 1923, si no estoy mal.

Deberíamos de sacar las banderitas, los colores patrios, las cancioncitas y todas esas mamadas con las que la gente demuestra su “patriotismo” para octubre. De esa forma realmente estaríamos celebrando el nacimiento de un país, porque es a partir de lo logrado en esa época que los idealistas y soñadores vislumbran a Guatemala.

Casi como hacen los franceses celebrando el día de la Bastilla. Realmente no celebran un acto protocolario en el que se ve poco, comparado con lo que se mueve detrás. Celebraron una acción del pueblo cansado de un sistema que los oprimía y sólo buscaba el bien de unos pocos. Es más, la monarquía francesa desapareció.

Queda la esperanza que nosotros no tengamos que esperar 250 años para sentirnos como una verdadera nación.

viernes, 17 de octubre de 2008

Amores de niñez, o más bien, calenturas de un niño precoz

Creo que fue a los cinco años cuando yo empecé a ver a las mujeres, no niñas, con ojos de “ella me gusta y me hace sentir cosas que no había sentido antes” (no puedo decir sexo, porque no sabia qué era eso). Me sentía atraído por sus curvas, sus sonrisas, su manera de atraer y de siempre estar ahí para complacer nuestra mirada. Y eso que eran los ochentas y la ropa y las modas no eran las más adecuadas para la sensualidad femenina.

Al ver el comentario de una compañera llamada Abril (no sé si ese será su verdadero nombre), me recordé del personaje de las Tortugas Ninja, llamada Abril O'neil. Luego recordé que yo me sentía bastante atraído por ella. Reportera, aventurera, voluptuosa y de cara linda y angelical, no recuerdo haber conocido a ninguna reportera del medio nacional que se aplique a estas características. Algo así como encontrar a una Loise Lane. Lo único reprochable era su forma de vestir, no invitaba mucho a la sensualidad. Pero claro, no debería. Eran los ochentas y las caricaturas no tenían porque ser fuente de pensamientos lascivos y pecaminosos. Al menos no tan evidentemente.

Pero díganle eso a quienes crearon a Jessica Rabbit. Bueno, obviamente que me iba a gustar ella. A quién no. Recuerdo que todos los fines de semana les pedía a mis papás que me llevaran al cine a ver la película. Fue en los extintos cines Géminis, Tauro y el otro no recuerdo, que estaban en la 4ª. Avenida y 8a. Calle de la zona 1. No sé qué decir de ella. No hay palabras para describir lo que sentía en aquel entonces. Pensaba que mujeres así sólo podían ser caricaturas, y que nunca en mi vida real vería a una así de carne y hueso. (Ahora las cirugías nos han dado esa oportunidad). Al verla, maldecías al pinche Roger, un conejo idiota, sin gracia y con mucha suerte, por estar con ella. Realmente, qué podrá hacer un conejo con una mujer como esta? Tampoco estoy alardeando, pero creo que podría hacerle más de lo que un simple conejo podría.


Y bueno, después de eso conocí el animé. Los japoneses con sus fantasías, nos engancharon a sus historias intrincadas, fumadas, dramáticas, cargadas de artes marciales, misticismo y aventuras. Además de todo eso, metieron personajes femeninos irreales, ideales, voluptuosas, extravagantes, con cortes de pelo estrafalarios, ojos grandes, el color de piel perfecto, piernas largas, bien torneadas y vestimentas adecuadas para resaltar sus atributos físicos. Qué hacer con mujeres así? Bueno, mi mente no llega a tanto. Supongo que después de Jessica, encontrarme con chicas así me dejaría estático. Al menos por un momento jeje. Igual, no quiero dejar la idea con este post, que me la paso fantaseándo con mujeres de series animadas. Igual tampoco mentiré si les confieso que en algún momento deseé encontrarme con una versión carne y hueso de ellas. Igual supongo que para quienes se sienten en exceso atraídos por estás mujeres bidimensionales existe el hentai y todos esos rollos y así sacien sus fantasías.



Pues bueno cada quien. Perdón a la amiga Abril por utilizar su nombre para recordar mis perversiones y calenturas infantiles jejeje.

martes, 14 de octubre de 2008

Nostalgia invernal

Por alguna razón los últimos meses del año me traen sensaciones de melancolía. Caminando hoy por la calle sentí el viento frío característico de esta época. Antes cuando era chavito, el aire frio era como muy bienvenido. Aunque no fui nunca un gran fanático del beisbol, era en éste mes cuando nos juntábamos con mis cuates, sacábamos nuestros guantes hechos con mitades de pelotas de plástico, un bate improvisado de un palo de escoba y una pelota de tenis (nunca supe de dónde venían esas pelotas de tenis). Esa era nuestra actividad de iniciación vacacional.

También el frío de octubre me recuerda a los barriletes, el fiambre, y la sensación de que un año más se termina. Tampoco he sido muy fanático de la navidad y toda esa gran bulla que se le hace siempre. Aunque digo ahora que me siento como emocionado, porque ya no la vivo yo como yo, sino la vivo a través de los ojos de alguien más, de mi chavito, que estoy seguro este será realmente el primer año en el que disfrute todas esas babosadas y es cuando empieza a forjarse sus tradiciones y sus costumbres con el venir de este viento frio.

Pero lejos de todo eso, comprendo que la nostalgia y melancolía que me invaden en éstos últimos meses se deben a una serie de factores. Tampoco quiero entrar en detalles, porque son detalles un tanto tristes, y la tristeza no es parte de mí ahora. Si puedo contar que en diciembre yo realizo una de las pocas, si no la única, tradición que yo tengo. Desde el primer día del mes, hasta el último, ni una sola rasuradora toca mi rostro. El primer año que lo hice, que fue como en el 2003 creo, fue bastante gracioso, porque eran islas de pelos esparcidos por mi cara. Ahora la barba ya parece la de un hombrecito recién salido de la pubertad. Ya no son pelos largotes y desagradables, y la barba ya tiene una consistencia digna de llamarse barba. Pues bueno, esa es mi única tradición. Vamos a ver cómo me va en la construcción de nuevas, y que sean adecuadas y disfrutadas por mi chavito.

jueves, 9 de octubre de 2008

Al respecto de las mantas en el palacio


Ayer por la tarde leí un post del paranoide que hablaba acerca de las mantas que están puestas en el palacio nacional de la cultura. Pues bueno, primero en cuanto a lo que mencionó este amigo acerca de quienes gustamos del centro histórico y sus calles, pues qué puedo decir. Es una cierta mística creo yo, es como un lazo que uno siente por estar ahí. No sé si será la historia, el desorden, la bulla o el conjunto. Igual es agradable moverse por estos lados. Que conste que no es ser reaccionario, sólo trato de explicar un poco el gusto y la afinidad que algunos sentimos por el Centro Histórico.

Y precisamente yo he podido ser testigo cercano de muchas de las cosas que suceden alrededor de éstas tres o cuatro manzanas que llamamos Centro Histórico. Cuando vi por primera vez las mantas que están colocadas en el portal del comercio, me puse a pensar que me parece bastante triste que la influencia de un grupo de conocidos míos que están laborando en el gobierno, se ha limitado únicamente a exaltar ciertos eventos que se han sucedido en nuestra historia.

No quiero decir con esto que el desplegar extractos de las noticias que sonaban en la época de la revolución, darlos a conocer y mantener presente en el inconsciente colectivo estos datos no sea bueno, es más, es algo que debería de enseñarse en las escuelas y colegios de forma obligada. La historia y los hechos pasados son lo que nos han llevado hasta el lugar donde estamos.

Sin embargo, también pienso que, al igual que acciones que se han hecho desde que yo tengo memoria, éstas acciones, como el de imprimir en mantas de vinil los rostros de Arbenz, de Oliverio Castañeda más me parece una mamada. Yo creo que deberían de retratarse los valores y principios de la revolución y de las luchas populares en las acciones que cada día realizan los trabajadores del Estado, para mejorar la calidad de vida del pueblo en general. Puede sonar a cliché, pero igual esa es la realidad. Bueno, puedo entender que este puede ser un primer paso, aunque las marufiadas que se ven cada día en el mundo político guatemalteco son de pena.

Pero también, en mi caso particular, más pena aún, porque hay algunas personas que están ahí dentro, en quienes yo creía, primero como personas, y luego como funcionarios. Triste que sea hoy, diez meses después, una de las únicas cosas palpables que se vean de su trabajo. Luego de toda las platicas y las pajas, creo que todos hubieran encajado mejor en el ministerio de cultura y deportes, y estando ahí vaya que si no hubieran decepcionado.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Sindrome de la camioneta

Apretado, sintiendo respiraciones varias por sobre todo el cuerpo. Y no son esas respiraciones ricas que uno busca en compañía de alguien especial, o no tan especial, pero alguien a quien uno invitó a estar dentro de nuestro propio espacio personal. Y así como esas respiraciones son agradables cuando uno las solicita, o las permite, de igual forma son desagradables y molestas cuando vienen sin anunciarse. De igual forma son los roces físicos. Que te agarro una nalga. Que te pongo mi sudado cuerpo sobre el tuyo. Y por ahí, por esa cercanía vienen los olores intensos, olores naturales que todos expelemos, pero que en situaciones de aglomeración, aunado a los pobres hábitos de higiene de muchas personas, estos se vuelven insoportables.

Esa es la situación extrema que se puede vivir dentro de un vehículo del transporte público guatemalteco. Sin embargo creo que este es un referente para muchas cosas que suceden en situaciones diversas. Por ejemplo, a veces me ha tocado ir sentado en la camioneta, no es una situación de caja de sardinas, sino más bien la mayoría de pasajeros van cómodamente sentados. Yo voy muy tranquilo, viendo por la ventana el paisaje urbano desordenado de nuestra ciudad, pensando en mis rollos. De repente siento que la persona que está sentada a la par mía, empieza a mover su pierna y pegarla junto a la mía. Luego sus brazos empiezan a invadir mi espacio personal. De repente, y sin ningún descaro, la persona, sea hombre o mujer, vieja, joven, gorda o re gorda, ya está encima de mí, y claro decir algo es como instar a la violencia, y faltar a las normas del buen estar (claro yo si le he reclamado a varias personas, después de haber sido "sutil" y pegarme lo más que he podido a la ventana).

Otra situación. Un salón de clases, una sala de conferencias, o cualquier lugar en donde se realicen actividades con grupos de gente numerosos. Pues eso, el grupo numeroso de gente no gusta de distribuirse equitativamente a través del espacio que la habitación ofrece. No, eso sería demasiado cómodo, adecuado e ideal. La realidad es que todos se aglutinan cerca de la puerta, apretados y sintiendo respiraciones sobre el cuello. Si uno quiere salir o entrar, mínimo hay que sentir cosas que uno realmente no quiere sentir.

¿Por qué será que a los guatemaltecos les gusta estar amontonados unos sobre otros? Mi teoría es porque la mayoría siente una necesidad de codependencia. Esa onda de si estoy cerca de alguien, o de muchos, no me va a pasar nada. Claro, en una camioneta tiene sentido, mientras más gente haya, menos posibilidades de un asalto, a mano armada al menos, porque cualquiera te puede tocar, sacar cosas de la bolsa, o cualquier cosa que pueda ocurrir en estos espacios reducidos.

Para mi, lo de las camionetas es un tanto insoportable, pero hay que hacerle ganas, porque si no tenemos carro, ni modo, a pagar el quetzal. En cuanto a las otras situaciones que se dan, me da bastante risa. El síndrome de la camioneta se manifiesta en cualquier lado.

La imagen es de http://www.guate360.com/galeria/data/media/9/IMG_2549.JPG

lunes, 6 de octubre de 2008

Blood junkies


En nuestra bella y querida Guatemala, una sirena de ambulancia, una cinta amarilla de policía y una unidad móvil del MP son sinónimo de tumulto, conmoción y la segura portada de Nuestro Diario y Al Dia de la mañana siguiente.

Es increíble ver y vivir cómo en nuestro país eventos deplorables y condenables atraen a tantas masas y son el ingrediente ideal para las ventas y la culturización de nuestra sociedad. Hace como tres meses estaba haciendo un trabajo relacionado con el transporte público, y en mi investigación encontré un reportaje que sacó una revista, ya desaparecida. En él, el reportero mencionaba que el día de la inauguración del sistema de transporte colectivo patrocinado por la municipalidad, lo que más captó su atención fue ver que la mayoría de las personas cargaba una copia de algún periódico sensacionalista bajo el brazo. Esta gente, que constantemente se queja de la situación que los golpea diariamente es la primera consumidora de esos productos, y es la misma que constantemente allana el camino para que el estilo de vida y la cultura de violencia se asiente cada vez más en los cimientos de nuestro país.

Y hay una explicación bastante sencilla para éste fenómeno. A los chapines les gusta la sangre, el terror y la violencia. No es extraño ver un cuerpo de algún cristiano que acaba de ser asesinado, rodeado de niños, adultos mayores y gente de todo tipo. Un accidente de tráfico, por muy sencillo que sea, será la causa para un congestionamiento de cientos de metros de longitud porque todos y cada uno de los conductores, tienen que pasar cerca del accidente para ver si hubo algún muerto, o si hay sangre regada en el asfalto. Y así se pueden citar cientos de miles de ejemplos y situaciones que, lamentablemente, suceden a diario en Guatemala.

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Yo me considero una persona optimista, pero al ver estas actitudes me hacen plantearme la idea de que esta sociedad se mantendrá sumida en el lugar donde está actualmente. Claro, es sencillo culpar al Estado y a sus funcionarios por la incapacidad y la ineptitud con la que manejan los hilos del país. Por muy cierto que esto sea, también es necesario tomar en cuenta que los cambios, para que sean realmente efectivos, son necesarios hacerlos de forma individual y concienzuda.
No tiene sentido, por ejemplo, que existan trabajadores municipales recorriendo las calles de la ciudad con escoba en mano, si constantemente la basura es lanzada de autobuses del transporte público, escolares y similares, carros particulares y peatones que simplemente no pueden guardarse sus desechos y esperar a encontrar un recipiente adecuado para la basura. Para mí es lo mismo bajarse el pantalón y cagar en cualquier momento y lugar a tirar basura sin que nos importe si es en la calle, un edificio público, un bosque o donde caiga.

Son estas actitudes las que hacen peligrar mi fe en la gente de este país. Es ese el miedo que invade más mis pensamientos. Claro, me puede pasar algo en cualquier momento, pero es la indiferencia masiva la que mata, la que entierra y la que permite que los vicios que se han enraizado en nuestra sociedad se mantengan y se conviertan en perpetuos, en detrimento de nuestra salud mental, física y emocional.

Deberíamos de dejar el disfrute por la sangre y el caos a una sala de cine. Al menos ahí pagamos por ver escenas sangrientas.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Los Simpsons vs. Padre de Familia

La televisión ha dejado de tener la importancia que tenía. Yo reconozco que la uso más para la play que para ver programas. MTV se convirtió en reality TV, lo mismo que VH1 (ahh los Behind the Music), y así podría seguir con una serie de canales que realmente ya no presentan buenas alternativas de entretenimiento, o tal vez soy yo quien ya no se siente interesado en la programación habitual, de cualquier forma ya no inspira ni llama como antes.

A pesar de esto, tampoco hay que negar que si existieron programas que marcaron una época. Para empezar, puedo hablar de dos de ellos. Los Simpsons y Padre de Familia. Dos programas con el típico set de la familia típica gringa. Papá, mamá, hermano mayor, hermana menor, bebe y una mascota. Aunque el set es el mismo, la forma de presentarse y su temática es totalmente diferente. Como son dos series que he visto, digamos que asiduamente, se me ocurrió compararlas porque... mmm bueno, porque si jeje




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Los Simpsons

Bueno, qué decir de ellos. Cuando me enteré de la existencia de este programa, era como una especie de pasaporte para la vida social escolar. La mayoría de mis compañeros tenían cable y todos los días llegaban contándose los detalles del capítulo anterior de los simpsons. Yo no tenía cable, así que no era parte de esas tertulias. Finalmente el canal 3 empezó a pasarlos. Luego, ya con tv por cable en mi casa, lo daban en un canal mexicano, y después en el Fox, en sus primeros años. Resultó que de no saber nada de ellos llegué a verlos tres veces al día. Ese rollo con las personas amarillas de Springifield llegó a convertirse en una especie de culto. Homero era como el punto de referencia para las estupideces, para las borracheras (estupideces) y señalar las carencias intelectuales y mentales de nuestros pares (estupideces). En fin que desde los 14 hasta los 24 años, ellos eran la referencia pop de nuestra cultura.

Ya metidos en ellos, pues bueno, a mi modo de ver las cosas, la serie fue genial, porque tenía la gracia de alimentarse y burlarse descaradamente de la realidad típica gringa. Bastante fresco y original. Pero como una vez mencionaron los patojos de South Park, Los Simpsons han hecho y dicho todo lo que se podía decir y hacer. Homero ya no es sólo hace idioteces porque bueno, todos hacemos idioteces de vez en cuando. Ahora ya es alguien que es idiota por llamar la atención. Bart es un patojo que perdió su encanto y ahora sólo hace travesuras por inercia. Lisa aburre con su aire pretencioso y sabelotodo y Marge una mujer frustrada, sin preparación y sin ambición para hacer algo más con su vida. Ah si, Maggie ni a putas aprendió a hablar.

En fin, 18 años es demasiado tiempo para hacer y decir cosas que nos mantengan interesados. Lo único medianamente interesante de ellos son las escenas del sillón al inicio de cada capítulo.



Padre de familia

Otra familia típica gringa. A diferencia de los Simpsons, los Griffin son de color rosado, sabemos exactamente dónde viven, Quahog, Rhode Island, y la idiotez de Peter, el papá, no tiene comparación con ninguna otra.

Comparemos. Peter es un borracho irresponsable. Sus antepasados se remontan a la fundación de la república gringa y ha traspasado el mundo bidimensional lamiendo ranas. Su esposa es una maniática sexual, medio ninfomana, y bastante fiestera. El hijo, Chris, es un retardado mental, con un mono como enemigo y con habilidades en el dibujo. Meg, la hija, es una desadaptada social, con serios vacíos existenciales y totalmente ignorada por su propia familia. Stevie, el bebe, habla, piensa y se desarrolla como un verdadero personaje de la serie. Contrario a Maggie, su participación es esencial. Junto con Brian, el perro que habla, maneja, tiene sexo con mujeres, fuma y lee, son dos personajes inverosímiles e interesantes.

Como no soy crítico ni nada, puedo decir que yo descubrí la serie en el 99. Me pareció genial. Una incongruencia tras otra. Citando otra vez a los patojos de South Park, realmente parece que los escritores son dos manatíes que juntan ideas al azar, de ahí la explicación del porque de cada situación.

Desde que empezaron, han sido bastante irregulares. Los cancelaron y luego volvieron a surgir. Creo que tienen en total 6 temporadas y cada capítulo, sin una línea coherente, la esencia de esta familia es, bueno realmente no sé cuál es su esencia. Sólo sé que son un cague de risa total. No son tan populares como los Simpsons. Mucha gente probablemente ni los ha visto. Seguramente no puedo decir que puedo comparar una situación de mi vida con algo que haya pasado ahí, porque yo nunca he peleado con pollos gigantes, por ejemplo, pero creo que la función de entretener y divertir es bien lograda por este programa. No hay mucha crítica a la realidad que nos afecta diariamente, y si la hay, es de una forma burlesca, ridícula y fuera de toda concepción normal.

Si tienen el FX véanlo. O si soportan los promocionales de la televisión nacional, en trecevisión lo pueden ver a las 7 de la noche.