lunes, 27 de noviembre de 2006

El día después de mañana

Van dos semanas, y aunque se diga, mañana será un nuevo día. Lo pasado no importa. Bueno, resulta que el día después de mañana sigue siendo igual que el día antes de ayer, y de hoy.

Lo molesto es eso precisamente, que sean iguales. Lo molesto es seguir dejando que me afecte. Ya no vale la pena. Ni llorar, ni sufrir, ni imaginar escenarios futuros que nunca vendrán, o que probablemente vengan pero que no vale la pena valorarlos ni analizarlos. Igual, vivimos en el ahora. Igual lo que pasó, ya pasó, y lo que pasará no sabemos qué, cómo y cuándo pasará. Vivir en las dos, es perder el tiempo. Aferrarse a alguna de las dos, es aferrarse y vivir una mentira.

Enfocado en el hoy... estoy como la gran puta por seguir pensando en esto. Todo mundo podrá venir y decirme "no vale la pena" "ya olvidalo" pues es que eso ya lo sé. Estoy amargado, también lo sé. Estoy indispuesto, también lo sé. Pero más que todo es que estoy molesto. Curioso que con esta experiencia me he puesto a recordar cómo era mi vida antes de.

Resulta que mi vida siguió un curso, con problemas existenciales, por la edad, por la falta de experiencia, pero igual siguió. Ahora, después de, los problemas existenciales y la falta de experiencia son más marcados, principalmente por la falta de experiencia. Pero el camino sigue.

Ahora estoy más abierto a nuevas experiencias, pero tampoco quiero cometer el gran error de amarrarme a la primera que venga, suena familiar?? Pero el problema es que mientras siga pensando en lo que fue, lo que pudo ser, y mientras tenga todo el tiempo del mundo para pensar en eso, seguiré siempre en el hoyo. Un hoyo que ya me resulta repugnate. Un hoy del cual ya sé cómo salir, pero por alguna estúpida razón, sigo ahí. Y eso es el problema, acostumbrarse a estas condiciones, es peligroso, porque ni se hace, ni se experimenta, ni nada, porque no se avanza.

Sigo pensando en lo curioso que es la vida. Cuando alguien se muere, no hay vuelta atrás. Pues acá se murió Jorge, y no es que ahí quedó y ya. Murió y es necesario revivirlo. Hay muchas formas, pero cuesta, como todo.

Hay gente, que está ahí, dispuesta a ayudar. Y hay gente, que no me conoce, pero que en algún momento estará dispuesta a ayudar, y ser parte de una nueva vida que resulta exitante. Y eventualmente llegará.

Atrás quedaran aquellas supuestas oportunidades, que mas sirvieron para expiar culpas creo yo. Atrás quedaran estas noches y estos días, en que las cuestionantes rondan el ambiente. Y por delante, todo o nada, dependiendo del gusto del cliente, y de las disposiciones.

Cerremos el capítulo, de una forma pública, por hacerlo por este medio, pero más bien de una forma más privada, más interna, porque al final, soy yo quien escribe, soy yo quien lo siente, y soy yo quien lo vive, y nadie, por más buenas intenciones, o todo lo contrario, cambiará esto.

Ahora soy yo contra mí. La depresión que está ahora, es más por buscar formas de batallarme a mi mismo, a mi yo decadente, y buscando en mi interior un espíritu de guerrero que está ahí, pero que nunca tuvo los huevos suficientes para salir.

Lo bueno, es que han habido buenas señales, y esta es una batalla que está lejos de terminar. Me despido de mi. Lloremos al estúpido que se dejó. Vivamos el duelo por ese alguien que fue bueno, inocente y soñador. Porque aunque no ha muerto del todo, es hora de darle el toque final, sin compasión, así como los muchos cuates que andan por ahí matando y llenando de luto a nuestro país.

Ni modo, te apreciamos Jorge, pero tu hora y tu número ya habían llegado desde hace mucho, sólo que lo habíamos perdido temporalmente. Descansá en paz...

jueves, 16 de noviembre de 2006

Más allá del bien y del mal

"No el haberme tú mentido, sino el no poder creerte más, fue lo que me conmovió tan profundamente".

Anoche me quedé sin gasolina, literalmente. Los eventos de los últimos días me han agotado tanto, que llegué al punto de desfallecer emocionalmente.

Leer la experiencia de un compañero me animó a hacer lo mismo, no tanto esperando que me lean, o que me comenten, sino más bien como una reflexión personal, una forma de exteriorizar todo eso que fluye dentro de mí.

Seis años. Fueron seis años de algo que no se puede definir, pero algo que tuvo su lado bonito, muy bonito, tan bonito que fuí feliz, y creo que ella también. Eso fue de aquellas cosas que cuando uno vuelve a verlas tiempo después, es inevitable sonreir por lo bueno que fue. ¡¡¡El amor es algo muy bonito cuando no se piensa, sólo se siente!!!

Pero la mulada fue pensarlo más que sentirlo. La mulada fue tratar de explicarlo. Y aunque fueron muladas tras muladas, el amor siguió, necío, arrogante. Se rehusaba a partir sin dar lucha. De esa arrogancia, de esa necedad, surgió lo mejor de esos seis años. Ese alguien que estará presente ahí para recordarnos que el amor existe, que es para siempre y que nunca se muere. Si hablo de arrogancia, no fue arrogancia nuestra, aunque tal vez sí, sino más bien la arrogancia del amor de hacerse presente, de decir "acá estoy, mirenme, aprovechense de mí".

Pero como esto no es una historia de Disney, o no quisimos hacerla así, los seis años tuvieron su lado oscuro. El resultado de eso es lo que es ahora, la nada, ausente de todo. Pero no esa nada que nos unió, o a lo mejor si es esa misma, y estaba predestinada a separarnos.

Es increible como los pensamientos pueden ser buenos, y con buenas intenciones, pero si no pasan de ahí, no sirven de nada. Peor aún, estorban.

Lo mejor de esto es comprender que nadie es pura mierda. La vida sigue, y estas son las cargas que nos hacen más sabios.

Y aunque me duele, me siento bien. Siento que le di todo lo que podía darle. Si no lo di, no fue porque no quisiera, sino porque ese no era yo. Si ella no lo dio, fue por la misma razón. No evitaré su felicidad. Se la ganó por haberme hecho feliz, por haberlo intentado. Me la gané por haberla hecho feliz, y por haberlo intentado. Lo demás es lo de menos.

Lo negativo en todo esto, no fue descubrir que el amor decidió partirse en dos, en partes iguales. Porque no se rindió, que conste. Lo triste y lo negativo fue descubrir que realmente no hay nadie a mi lado. No existió nadie en quien confiar, en quien recostar la cabeza y llorar de tristeza, de dolor y sufrimiento.

Si estuvieron ellos y ellas, más ellas, que me escucharon, que sin conocerme, me dieron su tiempo, me brindaron su apoyo y abrieron su corazón al contarme sus experiencias. Si existió ella, a quien muchas veces he ignorado, a quien muchas veces dejé en tercer o cuarto plano, pero que nunca me abandonó. Gracias mamá por escucharme y comprenderme. Y si existieron aquellos, que compartieron momentos de ahuevo conmigo en el pasado, y estuvieron en algunos momentos malos, pero que a la hora de necesitarlos realmente, brillaron por su ausencia. Y finalmente está aquel. Aquel fruto de aquel amor necio a partirse en dos. Aquel fruto que con su inocencia, su candidez y su chispa, me recuerda nuevamente que el amor existe, que el amor es eterno. Gracias Kaslem por haber entrado en mi vida, por haberme escogido como tu papá, y por haber escogido a tu mamá como tu mamá. Por vos serán mis noches, por vos serán mis días y por vos será mi felicidad. Te amo, y aunque no verás esto nunca, igual siempre te haré saber que te amo, y que no hay nada mejor que tenerte en mi vida.

Sólo me queda decir, en este primer capítulo posapocalíptico: Gracias!!! Estoy vivo, golpeado pero vivo.

Y no viene al caso valorar si todo esto es bueno o es malo; sólo es...